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De niños sonrientes, manadas que corren y vidas que cambian

Les cuento una pequeña historia.

Mi amiga se llama Natalia. La conocí hace algunos años y es una gran persona a la que quiero mucho. Ni ella ni yo corriamos ni teníamos la menor idea (ni intención) de que algún día lo fuéramos a hacer. Ni siquiera haberlo pensado!!!

Una vez le propuse la idea de “salir a trotar” y ella me dijo entre su tristeza y en un particular momento de baja autoestima; “no sirvo para correr… nunca lo voy a lograr”

Pasó el tiempo. Años. Yo empecé a correr antes que ella, y mi amiga recién comenzó a hacerlo un par de años después mientras vivía una situación personal muy fea; una desilusión amoosa y el corazón casi a punto de romperse en pedazos. Yo ya había hecho 2 maratones.

Creyó como muchos de nosotros que correr le haría bien, por lo menos para cansarse y poder ir a la cama sin insomnio. Correr empezó para ella siendo una especie de metáfora; correr, huir, SOBREVIVIR.

Y terminó siendo una especie de “salvación”, un escape de tanto dolor.
Ella me escribía para preguntarme algunas cosas de running, hablábamos de entrenamientos, de pasadas, de elongación… esas cosas “antisociales” de los runners, eso que hace que en una fiesta, nos apartemos para no aburrir, o directamente que los demás se aparten porque creen que estamos locos.

Natalia tenía miedo, desconocimiento, todo era un mundo nuevo. Aprender de zapatillas, pisadas, ritmos, hidratación, alimentación, descanso… todo era nuevo, todo era “descubrir”.

Y mientras Natalia corría, iba aprendiendo y escapando de sus dolores. Teniendo mayor fortaleza mental, más constancia, fuerza de voluntad.
Yo sonreía cada vez que me llegaba una foto, un mail, un mensaje o un llamado de ella que me contaba que había acabado una carrera.
Empezó con una de 5K, después una de 7, hasta que llegó a las de 10K y así… empezó a entrenar en grupo, empezó a aprender mucho más cada día… y cada día era más fácil y cotidiano sentirse contenta y sonriente también.

Los fantasmas de la tristeza iban siendo derrotados, cada vez quedaban más atrás, mientras ella corría más rápido y más contenta.

NACIMOS PARA CORRER

Aunque los “humanos no corredores” presenten su desacuerdo, NACIMOS PARA CORRER.

Es un instinto absoluto, es parte de nuestros ancestros, es natural… pero lo fuimos perdiendo entre ascensores, controles remoto, autos y deliverys de comida.

Los homo sapiens, al tener un cerebro más grande y evolucionado, necesitaron un día aliementarlo con proteinas de origen animal. Pero no había armas de fuego, no teníamos la habilidad ni el conocimiento aún para moldear metales y hacer armas punzantes, y los animales corrían en manadas de manera tal que era inicialmente “imposible” cazarlos y matarlos para poder sobrevivir.

Pero el ser humano otra vez fue un milagro; aprendió a cazar animales, CORRIENDO.
Supo armar su propia manada, correr a un ejemplar por horas y horas en un primitivo sistema de postas, cansarlo, agotarlo (con la ventaja de ser el mamífero que “mejor transpira” a diferencia de los demás) y ahí sí a su merced, matarlo para poder comer. Esto fue hace millones de años; correr para sobrevivir, para comer y para escapar de los peligros.

Y asi empezó todo. Y nosotros mismos cuando eramos niñitos, corríamos para jugar y divertirnos, para protegernos de algo que nos asustaba, para abrazar a papá y a mamá, para llegar más rápido a nuestro lugar de juegos.
Siendo más grandes corrimos para alcanzar a algún bus que se iba, o para alcanzar a esa chica que nos gustaba en la escuela y que había salido antes que nosotros.
Corrimos para festejar un gol, para sacarnos el stress, para protegernos de la lluvia, para llegar a hora a una cita, para jugar con nuestras mascotas, para… un momento.
Repaso todas las sensaciones que involucran estas cosas que escribí arriba y me doy cuenta de que son todas felices; sobrevivir, divertirnos, sentir placer, disfrutar del amor, alcanzar un objetivo, celebrar, relajarnos, protegernos, reir…Te das cuenta de que esa es la escencia de correr?.

Entonces, cómo negar que correr es un placer?… a veces los corredores nos tensamos viendo el cronómetro, o pensando en un puesto o en un ritmo de carrera.. si tan sólo fuéramos siempre esos niñitos corriendo a los brazos de papá o mamá…. o jugando al ladrón y al poli para que no nos alcancen riendonos a carcajadas… ESO ES CORRER!

Entonces reniego de aquí en más del argumento que dice que no es normal correr, que es “es cosa de locos”, que… “no sirvo para correr…nunca lo voy a lograr”…

EL DETALLE FINAL

Dejé un detalle importante para el final.
Hace muy poco me llegó un mail de Natalia con una foto.
Era ella llorando de alegria y sosteniendo en su mano, la medallla de su primera maratón.
Ella, la que “no servía para correr” dejó que una nueva persona naciera en el mundo. La nueva Natalia.

No pude ni quise contener la emoción. Fui pura alegria, de saber que un ser humano se sentía más “grande” y poderoso.

“IMPOSIBLE”?…. Es TU decisión.

 

 

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