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Vulcano Ultra Trail 80k – Crónica de Laura Gordiola

Luego de meses de entrenamiento, tratando de sobrellevar el cansancio físico de las horas laborales, calzándose las zapas y saliendo a entrenar con la cabeza en el objetivo, tratando de maximizar cada entrenamiento y llevar el cuerpo al limite, vaciándolo por completo para luego poder recargarlo de energía de mejor calidad y más duradera, el día tan esperado llegó al fín. El debut en los 80km de Ultra Trail Vulcano al sur de Chile, nada menos que en el Volcán Osorno.

Vulcano ultra trail 80k 01
Largada 3 AM. La trepada Jurásica fue el despertar del instinto perdido de subsistencia, fuerza, resistencia, empuje, la naturaleza salvaje y uno mismo. Tres cimas, con un kilómetro vertical cada una de ellas; Cima Picada, Vulcano y Verruga, tenía por delante.
Primer puesto de control, nos envolvía una espesa niebla no se distinguía nada a 2 metros, por suerte éramos 4 cada uno iba en dirección opuesta y quien encontrará una señal pegaría el grito. Y así fue. Luego nos deleito una bajada de pura arena volcánica , fue como esquiar!!!
En algún instante la niebla se disipó, gire la vista y me rendí ante la majestuosidad de la inmensa luna llena. El viento con un soplido barrió las nubes grises que la ocultaban y nos ofrendó su mágico resplandor.

No podía dejar de mirarla Y para engrandecer aún más la vista privilegiada una lluvia de estrellas caía iluminada sobre la cumbre del Osorno enalteciendo el blanco de la nieve en su cumbre. Di gracias por tan preciado obsequio…
Miles de instantes como este quedaban en mi alma alimentando un sentimiento ambiguo entre no querer que se termine la carrera para seguir disfrutando de la bella inmensidad del volcán y por otro lado el deseo de llegar a la meta y sentir la satisfacción del deber cumplido.

Luego otra bajada, el amanecer y la vista de un lago, fiel reflejo de la belleza de su entorno. Rescato ese momento sublime en que nos miramos con Oscar, mi compañero, y no podíamos creer estar compartiendo esa vista única de las que colman el corazón y producen en el cuerpo un bienestar indescriptible.
Corrimos hasta el km 30 con Oscar, de ahí tomamos la dura decisión de separarnos, un trago amargo, un sentimiento de desazón profundo. Lloré, no se los voy a negar, meses de entrenamiento juntos, el mismo objetivo. Uff… de sólo recordarlo se me cierra la garganta…

Cuando pude reponerme seguí sin mirar atrás. Luego de algunos kilómetros pude enfocarme nuevamente, me encontré a Javier quien me acompañó y me brindo ayuda en 2 oportunidades donde sin bastón era imposible avanzar, no había manera, te caías. Hasta el km 50 fuimos juntos. Ya en el puesto de avituallamiento me dije; de aquí en más todo es desconocido para mi organismo, por lo cual seré conservadora.

Encarando la parte previa al ascenso a la última cima, la Verruga, por un bosque bastante técnico, nos cruzamos con Miguel a contramano, con la triste noticia que abandonaba por un dolor agudo producto de una fuerte caída. Uff…mi cabeza quedó con él mientras mis pasos seguían el camino truncado.

A pocos kms Javier queda atrás, esperanzada que se reponga y me alcance, seguí.
El plan era regular y ahorrar energía para lo que se suponía era la parte más dura.

Disfruté tanto cada cumbre, pensando una para Denise, mi hija, otra para mi hermana Sil y otra para Susi.
Vivencié cada geografía ajena a mi percepción y a mi experiencia, enormes rocas, acantilados, bajadas técnicas, muy técnicas, y una gramilla enmarañada de un verde pálido con tintes grisáceos. Me sentí tan feliz, corrí y corrí sintiendo en mis pies una suavidad y densidad magnificas, que invitaban a volar!

Debo hacer un alto y contarles lo cuidada que me sentí por la gente de la organización, las chicas y chicos que estaban en cada puesto de control y de avituallamiento, los fotógrafos, colaboradores, las porristas!!. No alcanzan las palabras para agradecerles toda la onda, la energía, la pasión y el cariño que nos brindaron. Impecables! Que más decirles, unos genios!!!
Ya en el llano, cuando iba en los últimos kilómetros divise al mirar a mi costado del lado del bosque a mi amigo Rovi. Que alegría cuando le grite y respondió a mi saludo, fue el último empuje.

En la parte final pensé que me había perdido así que retrocedí un kilómetro, fui y vine hasta encontrar a un español a quien volví loco, pobre!. En el último puesto donde nos dijeron faltaban 4,500 mts, ahí mi alma volvió al cuerpo, aunque había perdido gran cantidad de tiempo…
Fue una carrera única en la cual la belleza de su entorno es directamente proporcional a su dificultad. Durísima, más de 80 km con un desnivel de 4.890 mts pero bella, bella en donde uno se detuviera a contemplar su paisaje.

Este año fue conocer la distancia y llegar. El próximo redoblaré el esfuerzo he iré por más!
Sin dudas tengo mucho por seguir aprendiendo de la montaña, pero mientras ella se brinde a mí, mostrándome su grandeza y majestuosidad. Mientras yo seguiré insistiendo en descubrir sus secretos y siendo parte de su entorno…

Gracias a todos los que estuvieron durante todas esas horas en mis pensamientos, con sus pensamientos positivos, con su energía y a los que me ayudaron prestándome el equipamiento necesario, sepan que estuvieron junto a mi.

Que más puedo decir… Objetivo cumplido!

Laura Emilce Gordiola

 

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