La creciente ola de ataques de osos en Japón, que ya supera el centenar de incidentes en lo que va del año y ha dejado siete personas muertas desde abril, está comenzando a alterar también el calendario deportivo.

El equipo de Ekiden —una modalidad de carrera por relevos muy popular en el país— de la escuela secundaria Gakuho Ishikawa, ubicada en Fukushima, decidió cancelar su temporada debido al temor a posibles encuentros con osos en las zonas de entrenamiento y competición. La decisión se tomó ante el preocupante aumento de avistamientos en la prefectura de Akita, donde debía disputarse el clasificatorio regional de Tohoku.
La competencia, que originalmente contemplaba 42,2 km en la categoría masculina y 21,1 km en la femenina, fue reprogramada por los organizadores para realizarse en una pista cerrada, con el objetivo de reducir riesgos. Sin embargo, los dirigentes del colegio consideraron que la amenaza persistía. “Incluso dentro de la ciudad existe la posibilidad de encontrarse con osos”, explicaron fuentes de la institución, que optaron por priorizar la seguridad de sus atletas.

El norte de Japón atraviesa la peor temporada de actividad de osos en los últimos 15 años, según el Ministerio de Medio Ambiente. Las autoridades han confirmado más de 100 ataques y al menos 44 personas heridas. Los animales han sido avistados merodeando supermercados, escuelas e incluso balnearios termales, generando una fuerte sensación de miedo entre los habitantes.
Los especialistas apuntan a una crisis alimentaria en los bosques como la causa principal del aumento de encuentros. La escasez de hayucos y bellotas, alimentos clave para los osos antes de la hibernación, estaría forzando a muchos ejemplares a buscar comida en zonas urbanas, lo que multiplica el riesgo de contacto con humanos.
En medio de este escenario, la retirada del equipo escolar de Ekiden refleja una realidad que trasciende el deporte: la convivencia entre humanos y fauna salvaje se ha vuelto uno de los mayores desafíos en el Japón rural de 2025.

El caso de Billy Halloran: “Con una sola mordida, mi brazo quedó destruido”
Halloran realizaba una de sus corridas habituales a comienzos de octubre cuando se encontró con algo que nunca había visto: dos osos negros asiáticos. De inmediato supo que estaba en peligro. Uno de los ataques fatales más recientes ocurrió a pocos kilómetros de donde él vive.
Solo, en medio del sendero y a varios kilómetros de su auto, Halloran —neozelandés de 32 años, oriundo de Auckland— se vio obligado a pensar rápido cómo escapar de los animales, que lo observaban desde unos arbustos a menos de 30 metros.

Cuando intentó retroceder lentamente, uno de los osos comenzó a acercarse. “Era más o menos de mi tamaño, un adulto de al menos 60 o 70 kilos”, relató.
Temeroso de que lo persiguiera si intentaba correr, decidió gritar para ahuyentarlo. “Vi que se iba a lanzar contra mí… y lo hizo”, contó. Halloran levantó el brazo para cubrirse el rostro. “El oso me agarró del brazo y me tiró al suelo. En una sola mordida, mi brazo quedó destruido”.
El animal luego atacó su pierna, dejándole profundas heridas de garras y mordidas, antes de retroceder. Impulsado por la adrenalina, Halloran logró levantarse y enfrentó al oso unos segundos más hasta que este volvió a internarse en el bosque. Aterrorizado ante la posibilidad de que regresara, llamó a su esposa para que fuera a buscarlo. Con el brazo fracturado y una pierna gravemente herida, corrió un kilómetro para alcanzarla y esperar la ambulancia.
Desde el hospital, donde lleva dos semanas recuperándose, ya fue sometido a tres cirugías, entre ellas un injerto de cadera para reemplazar un trozo de hueso arrancado por la mordida y la colocación de placas metálicas en el brazo.

Le espera una larga rehabilitación física. Tras su último ultramaratón, esperaba seguir entrenando para nuevas carreras —y aún lo planea—, aunque admite que “no será igual que antes”. El mayor desafío, dice, será enfrentar el trauma psicológico del ataque, comparable, según él, a lo que podría sentir “alguien atacado por un tiburón intentando volver a surfear”.
Aun así, está decidido a volver a correr por los bosques, agradecido al apoyo de la comunidad local de corredores que lo acompañó durante su recuperación. “Tuve suerte”, afirma. “Ha habido muchos ataques… y algunas personas no corrieron la misma suerte.”
En los últimos meses, Japón ha registrado varios incidentes con osos: desde ejemplares que irrumpieron en un supermercado o merodearon frente a un jardín de infantes, hasta otro que mutiló gravemente a un hombre mientras limpiaba un baño al aire libre.
Ante el aumento de ataques, el gobierno japonés anunció nuevas medidas para controlar la población de osos.
Muchos residentes toman precauciones como llevar campanas o reproducir música fuerte para mantener a los animales alejados. Halloran, por su parte, dice que la próxima vez podría llevar gas pimienta para osos.
“Ahora soy más cauto con lo que voy a hacer”, reconoció. Pero, bromeó, con la llegada del invierno espera volver al snowboard, recuperar el equilibrio mental y reconectarse con la naturaleza.






